Breaking Bad

Hay series que dejan huella, y esta es una de ellas. No solo por la historia que cuenta, sino por la manera en que la desarrolla. El viaje de Walter White es increíble: empieza siendo un profesor de química con problemas económicos y termina convertido en alguien que impone respeto y miedo en el mundo del crimen. Desde el primer episodio engancha, y cada giro lo hace aún más adictivo.

El guion está afinado al detalle. No hay giros que se sientan forzados ni decisiones metidas con calzador; los personajes evolucionan con la historia y cambian según lo que enfrentan. Walter White no es el mismo al principio que cuando todo acaba, y lo mismo pasa con Jesse, Skyler o Hank. Cada uno toma decisiones que los transforman y arrastran las consecuencias de sus actos.

A nivel visual, la serie tiene una identidad inconfundible. Cada plano está pensado para contar algo, con una iluminación y un uso del color que refuerzan cada momento clave. La banda sonora no está ahí solo para acompañar: sabe cómo elevar la tensión cuando es necesario o dejar espacio al silencio para que el impacto sea aún mayor.

Pocas series rozan la perfección, pero esta lo consigue. Lo tiene todo: una historia absorbente, personajes inolvidables y un final que está a la altura de lo que construyó a lo largo de cinco temporadas. Pasarán los años y seguirá siendo un referente.

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